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miércoles, 31 de enero de 2018

SUBCONSCIENTE, LA BELLEZA Y LA EDUCACIÓN TOTAL






FROILAN SALAYA

froifra@gmail.com

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 SUBCONSCIENTE LA BELLEZA Y LA EDUCACION TOTAL
         
  Las innumerables posibilidades que brinda el mundo de hoy se desaprovechan porque desconocemos los modos, actitudes y normas que rigen una urbanidad afectuosa, inteligente, y por lo tanto sana, que nos permita captar esa verdad, que lleva a la acción que es colaboración. Es decir, trabajar juntos, unidos. Quien colabora porque ve la verdad como verdad, lo falso como falso, sabrá cuando no colaborar. Lo cual también es importante. Si cada uno de nosotros ve la revolución fundamental como la educación total y percibe la verdad, entonces colaboraremos sin necesidad de persuasiones.
           La enseñanza es la “profesión” más noble, si es que en modo alguno puede llamarse profesión, es un arte que no sólo requiere logros intelectuales, sino paciencia y amor infinito. El ser verdaderamente educador, es comprender nuestra relación con todas las cosas, en el vasto campo de nuestra existencia. La belleza es aquel estado en que la mente va abandonando el centro del Yo, en la sencillez, que no tiene fin, y solo puede existir cuando no hay autoridad. Que no viene de la disciplina, ni de la abnegación premeditada. La austeridad es renuncia a sí mismo, que es obra exclusiva del amor. Cuando carecemos de amor, creamos una civilización en la que se persigue la belleza de la forma sin la vitalidad. No hay dicho sentimiento de renuncia cuando el ser humano se inmola en obras buenas, en ideales, en creencias. Estas actividades parecen ajenas al Yo, pero en realidad el egoísmo sigue trabajando oculto bajo el ropaje de distinta etiquetas. Sólo la mente inocente puede indagar en lo desconocido.  Pero la inocencia calculada, que puede llenar un taparrabos o el hábito monástico, no es la pasión de la entrega total que nace de las expresiones del amor: unidad, cortesía, paciencia, mansedumbre. La mayoría de nosotros conoce la belleza, solo a través de lo que ha sido creado o construido: la belleza de una mujer o de un templo. Decimos que un árbol, o el río de amplia curva son bellos. Pero… ¿es la belleza comparable? ¿Es la belleza aquello evidentemente manifiesto? ¿Juzgamos bello un cuadro, un poema. el rostro de nuestra amante por lo que la belleza es?, ¿por lo que se nos ha enseñado o por lo que nos es familiar y nos ha merecido una opinión? Pero, ¿con la comparación cesa la belleza? 
           Para comprender o sentir lo que la belleza es, necesariamente, hemos de tener sensibilidad, tanto para lo que llamamos “bello”, como para lo que nombramos “feo”. Un sentimiento no es ni bello ni feo, es solo eso, un sentimiento. Pero lo miramos a través de nuestro condicionamiento religioso-social, y lo calificamos. Decimos que es bueno o es malo y así lo desnaturalizamos o destruimos. Cuando al sentimiento no se le da nombre, conserva su identidad. La belleza, siendo incomparable, no conoce opuestos. Sólo así podremos educar para el arte que no es otra cosa que el amor, aprender a vivirlo y a expresarlo cotidianamente.
         Al tratar la educación total, debemos desde ya, compenetrarnos tanto en la mente inconsciente, como en la consciente. La mente oculta es mucho más que la superficial. La mayor parte de los educadores se ocupan sólo de impartir información a la mente superficial, preparándose para conseguir un buen empleo o ajustarse a la sociedad. Así la mente oculta o inconsciente nunca se toca. Todo lo que la llamada educación de hoy hace, es superponer una capa de conocimientos y de técnicas y una cierta capacidad para adaptarse a una sociedad corrupta y antisocial. La mente inconsciente es depositaria de los atavismos raciales, de las religiones, las supersticiones, los símbolos, las tradiciones, características de raza, la influencia de la literatura, (tanto sagrada como profana), de las aspiraciones, frustraciones, etc. Los deseos declarados o secretos, con sus motivaciones, esperanzas y temores, sus penas y placeres, y las creencias que se sostienen en virtud de un anhelo de seguridad expresada de distintos modos, todo está en el inconsciente, que no sólo tiene esta extraordinaria capacidad de retener el residuo del pasado, sino que también se deja influir en el futuro. La mente consciente recibe las insinuaciones de todo esto por medio de los sueños y otras variadas formas, generalmente fantasiosas.
           La mente inconsciente no es nada sagrado que deba asustarnos, tampoco exige  un especialista para ser revelada a la mente consciente. Pero la enorme potencia que posee no permite que la enfrentemos como quisiéramos. Tratamos vanamente de salvar este vacío con disciplinas, con prácticas y con decisiones de variada índole. La mente consciente se ocupa de lo inmediato, del llamado presente, mientras que lo inconsciente está bajo el peso de los siglos y no puede ser desplazada por una necesidad inmediata. El inconsciente tiene la cualidad de la hondura del tiempo, mientras que la mente con su cultura de hoy, no puede ocuparse de sus urgencias. Para erradicar la autocontradicción, el consciente debe comprender este hecho y aquietarse. Lo cual no quiere decir que ceda a los impulsos de la mente inconsciente. Cuando no hay resistencia sobre lo manifiesto y lo oculto (que tiene la paciencia del tiempo) no se viola lo inmediato. 
           La mente inconsciente, inexplorada e incomprendida, entra en contacto con los retos y exigencias del presente inmediato. Cualquier experiencia de lo superficial, contribuye a acentuar el conflicto entre éste y lo oculto. Todo esto produce todavía más experiencia, lo cual una vez más, ahonda el abismo entre el presente y el pasado. La mente consciente al tener la experiencia de lo externo sin comprender lo interno, lo oculta, produciendo un conflicto más vasto. La experiencia ni libera ni enriquece la mente, según suponemos generalmente. Al tener experiencias una mente condicionada fortalece su condicionamiento y de este modo perpetúa la contradicción y la desdicha. La experiencia puede ser un factor liberador, solo para la mente que es capaz de comprender en su totalidad sus propias modalidades. Una vez que hay percepción y entendimiento de los poderes y capacidades de la mente en pos de lo oculto, se pueden comprender los detalles. Lo importante es la comprensión de lo oculto y no solo la mera educación de lo consciente para adquirir conocimiento, no importa cuán necesario sea. Esta comprensión de lo oculto, libera a toda la mente del conflicto y sólo así hay inteligencia.
           Es esencial que nos familiaricemos con la mente oculta y que nos demos cuenta de su funcionamiento. Pero es igual importante no mantenernos presos en ella, ni otorgarle una significación indebida. Es sólo cuando la mente comprende lo superficial y lo oculto, ella puede ir más allá de sus propias limitaciones y descubrir la bienaventuranza de que no pertenece al tiempo. El comprender, el examinar, el observar en cada instante de nuestros días, de nuestros pensamientos, el  cómo actuamos y sentimos es  fundamental y urgente de incorporar a una auténtica educación para una vida plena e inteligente. Esto creará inevitablemente un futuro social por completo diferente.
          Esto es educar el conocimiento de uno mismo, para comprender lo real. Es fundamental no sólo trabajar y ganar dinero sino también aprender a hacer las cosas comunes y cotidianas. Es decir, saber caminar, comer, hablar, sonreír, sentarse, dándonos cuenta cómo lo hacemos y si lo hacemos del modo adecuado. En síntesis, si tenemos un comportamiento de urbanidad para el medio en que estamos conviviendo

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