FROILAN SALAYA
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EL AMOR Y EL CUERPO
Es muy importante el desarrollo armónico del cuerpo para una educación total. Porque si no es así, el cuerpo carecerá de salud y vitalidad, e inevitablemente pervertirá la mente. Es necesario el alimento, el descanso y el sueño suficiente. Si los sentidos no están alertas, el cuerpo impedirá espontáneamente la educación total. Para tener gracia de movimientos, coordinación muscular y raciocinio, es bueno el trabajo solidario o económico. Ello es mejor que las gimnasias, puesto que cuando trabajamos ejercitamos la totalidad de nuestro ser y sentir. El cuerpo no es el instrumento de la mente. Pero junto a las emociones y a la mente constituyen el hombre total, y si no conviven en armonía es inevitable el conflicto, el cual produce insensibilidad. La mente puede dominar el cuerpo, insensibilizarlo, y sofocar los sentidos. Y un cuerpo insensible estorba al libre vuelo de la mente. La mortificación del cuerpo no conduce a la exploración de las capas más profundas de la conciencia. Esto no es posible cuando mente, emociones y cuerpo están en contradicciones mutuas, por lo tanto deben estar integrados y armonizados sin esfuerzos, sin compulsión de concepto o creencia alguna.
Al cultivar la mente no debemos hacer hincapié en la concentración, sino en estar atentos. La concentración es un proceso en el que la mente es forzada a reducirse hasta un punto, mientras que la atención no tiene límites. Cuando se trata de comprender la totalidad de la mente, la concentración es un estorbo. La atención no tiene fronteras sin el estorbo del conocimiento. Es la atención de primordial importancia para una educación total. La atención es un estado donde la mente siempre está aprendiendo sin un centro como experiencia acumulada. La educación total, en el verdadero sentido de estas palabras, es posible únicamente en un estado de atención en el que no hay compulsión alguna ni externa ni interna. Esta educación total no es esclava de la tradición ni de la memoria. Es la atención la que permite el silencio de la mente con la cual se abre la creación y la creatividad. ¿Cómo producir el estado de atención? Este no se puede cultivar mediante la persuasión, la comparación, la recompensa o el castigo, que son todas formas de coerción. La eliminación del temor es el principio de la atención y sólo el amor vence al temor. Existirá temor siempre que haya desamor y existirá temor mientras haya deseos de ser o de llegar a ser, que es la persecución del éxito con todas sus frustraciones y torturas, contradicciones y conflictos. Se puede enseñar la concentración, pero no puede enseñarse la atención, como tampoco puede enseñarse la libertad, la belleza o la ausencia del temor. Pero se puede empezar a descubrir las causas del temor. La comprensión de estas causas elimina el temor. Cuando se tiene la sensación de estar libre y seguro, se da cuenta de la acción desinteresada del amor y de la educación total. El amor no compara y así la envidia y la tortura de llegar a ser, cesan. El descontento general desaparece y pronto se encuentra el camino hacia la satisfacción. De este modo se duerme la mente. De tiempo en tiempo vuelve al descontento por vía del dolor, pero la mente desea de nuevo una solución satisfactoria. En esta rueda de insatisfacción y placer, la mente es atrapada, y el constante despertar por el dolor es parte de nuestro descontento. Esto lleva a inquirir, pero no se puede lograr ninguna respuesta si la mente está atada a la tradición o a los ideales. El indagar es la llama de la atención. Al sofocar el descontento con antojos meramente sensoriales, se aceptan las limitaciones de la actividad egocéntrica y se acentúan las peores taras de nuestra sociedad. El descontento es la llama que consume la escoria de la satisfacción, pero gran parte de nosotros tratamos de disiparlo con diversos modos y medios. El descontento es un estado de pureza que existe en cada uno de nosotros cuando no lo amortigua la falsa educación, las soluciones agradables, la familia, la ambición o la persecución de un ideal.
Cuando comprendemos la naturaleza de nuestros verdaderos descontentos, vemos que la atención es parte de esta llama ardiente que consume la pequeñez y libera la mente de una actividad egocéntrica. La atención adviene, solamente cuando hay un inquirir que no se funde en el deseo de progreso propio o en la gratificación. La atención no es algo que se enseña o que se aprende, pero puede despertarse en los alumnos a través de la educación total. Una generación con educación total, estará libre de la adquisibilidad y el miedo, de la herencia psicológica de sus padres y de la sociedad en que haya nacido. Se habrá educado de un modo totalmente distinto a lo que conocemos de la educación de hoy para crear una sociedad nueva. Porque tendrán la capacidad que nace de una inteligencia no circunscripta en el temor. La educación es responsabilidad de los padres, así como de los alumnos y los educadores; debemos aprender el arte de trabajar en colaboración, y esto es posible cuando cada uno de nosotros percibe lo verdadero. Esto nos une en la percepción de la verdad y no en las opiniones o creencias.

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