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miércoles, 31 de enero de 2018

LOS VALORES, LA IDENTIDAD Y LA EDUCACIÓN TOTAL

 



FROILAN SALAYA

froifra@gmail.com

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LOS VALORES, LA IDENTIDAD Y LA EDUCACIÓN TOTAL         

 La física del macrocosmos nos indica que el 90% de la masa del universo es Eros femenino y que sólo el 10% es masculino. Los agujeros negros, las estrellas enanas, los colapsares, la fuerza de gravedad, la luz, las ondas y microondas, las tormentas crepusculares, los haces de hidrógeno conformadores de más y más cuerpos celestes son femeninos, porque todo o casi todo lo que es contenido en el espacio es el substrato femenino que penetrado en el tiempo masculino, se activa y agita en la rueda del devenir.          Es allí donde impera la diversidad y la multiplicidad y donde reside la vida misma, con su inconfundible riqueza y sus inconfundibles ingredientes opuestos y complementarios entre sí.          Así se manifiesta la Divinidad y su verdadero, absoluto e impenetrable poder, tan impenetrable que no existe en la naturaleza nada que pueda atravesarlo. Es que aquí está el espíritu de todo lo creado. El espíritu de la sagrada y única ventura de todos los dioses, el espíritu femenino. Es decir, el vértice de la recreación, muerte, nacimiento y vida de las “diosas” que provienen de otras diosas y de ellas los dioses.          La “diosa” es la condensación del arte absoluto, es decir, el espacio del substrato femenino de donde proviene la belleza de todas las cosas. Estas generan el sentir gozoso y espontáneo de donde surge el cabal saber y entender y la conciencia de ser y vivir, que es la experiencia y el conocimiento de nosotros mismos.          Las entidades diocesanas (en todas sus magnitudes y cualidades) generan atenta y conscientemente tanta luminosidad y energía, cuanto más las comprendemos en nuestros actos cotidianos y cuanto más plenamente vivimos conforme a nuestra naturaleza. De este conocimiento (o conciencia divina de la realidad) surge la compenetración del ser con las cosas y con los hechos. A esto lo podemos llamar amor científico. De este amor deviene el arte de relacionarse con las cosas, la gente, los hechos y las circunstancias. Cuando impera este temperamento, todo lo que el hombre o la mujer toca, se ennoblece, se perfecciona y se embellece. Es decir, que el hombre y la mujer se convierten en una única y absoluta mutación del amor y voluntad erótica. Esta voluntad les permite sentir viva y plenamente la vida. Es enamorarse enloquecida, ferviente, abnegada, vehemente y efusivamente de todo lo que vive y nos circunda, de un modo inequívoco, indivisible, incomparable e infinito. Es estar plenamente vivos. Tanto, que el dolor, el miedo, el odio, el rencor y la envidia (entre otros sentimientos) no tienen cabida. Es también estar más allá del deseo, la inquisición, la ansiedad, la inseguridad y la impotencia. Se termina todo desasosiego y surge una vida plena, que se  une a la inconmensurable totalidad del infinito espacio y a todos los tiempos. Todo esto es comparable a la plena vigencia de amor sexual.          El corpúsculo más infinitamente pequeño de una manifestación ciclotrónica, es idéntico a la más grande de las configuraciones macroespaciales. En este estado, la vida y la muerte no existen, o existen como un mismo misterio simultáneo, donde la “Divinidad” impulsa la vida y ordena las energías de las estructuras atómicas, celulares, astrales y cósmicas con eterno e infinito amor. “Ella” jamás piensa. Sólo siente y actúa directa e inequívocamente. Es decir, siempre es inquebrantable e incólumemente “ella” misma. “Ella” es la que sufre, llora, ríe o goza al unísono de la totalidad de los hijos. “Ella” los quiere incondicionalmente a todos, sin diferencias sectarias. Nos quiere libres, no los somete, no los castra. Así sus hijos crecen, sufren o gozan según su libre albedrío y sus consecuencias, buenas o malas. Cuando la imitan, “ella” se reconoce y se gratifica tanto, que todo se imbuye de “su” bendición y ventura bienhechora y el arte brota en el hombre y la mujer como “su”  propia redención. Se rompen las cadenas de dicotomías y divisiones y el arte se expresa como útil, necesario y benéfico. Es así como el dolor cesa, la confusión se esclarece, las estructuras y condicionamientos se sueltan y se expresa el sentir del espíritu diocesano de “ella”, como una respuesta incuestionable e inequívoca. El hombre y la mujer dejan de ser peleles del devenir y el conflicto pasa a ser inequívocamente valioso, tal cual son, sienten, piensan, actúan, se vinculan, se relacionan, se guían, por los inconfundibles valores que “ella” se encarga de esclarecerles. Así, el hombre y la mujer adquieren un valor y  una conducta, rectos e inexorables.          Dejaré aquí de expresarles estas (para mí tan gratificantes) revelaciones de la “Divinidad”, para explicarles por mí, lo que “ella” quiere que les pregunte:1) ¿Ustedes tienen valores?2) Si los tienen, ¿porqué sí?3) Si no los tienen ¿por qué no? 4) ¿Qué valores tienen?5) ¿Por qué tienen valores?6) ¿Para qué tienen valores?7) ¿De dónde surgen los valores que ustedes tienen?8) ¿Los valores son propios o ajenos?9) Si son ajenos, de quién son?. Si son propios, ¿de dónde los sacaron?10) ¿En qué circunstancia?11) ¿Para qué?12) ¿Por qué?13) ¿Cómo?14) ¿Cuándo?15) ¿Dónde?16) ¿Cuáles son, según vos, tus mejores valores?17) ¿Cuáles son tus valores negativos?18) ¿Cuáles son tus valores constantes?19) ¿Cuáles son tus valores fluctuantes?20) ¿Qué valores guían tu existencia?21) ¿Tienes valores que te impetran fe y seguridad?22) Los valores ajenos, ¿te disgustan, te deprimen o te guían y ayudan?23) ¿Con qué valores ajenos te sientes bien?24) ¿Siempre los valores son buenos?25) ¿Siempre los valores son malos?26) ¿Los valores son indispensables?27) ¿L os valores son dispensables?28)         ¿Tus valores surgen de lo más profundo de tu ser o surgen de alguna circunstancia o enseñanza?29)         Saber cuáles son tus valores ¿es indispensable para comprender tu vida y tus relaciones con los demás?30)         ¿Qué valores te guían en el trabajo, en tu casa, con tu familia, en la calle?31)        ¿Tienes valores incluso para la muerte, la guerra, la enfermedad, la desgracia, la mala suerte, la inclemencia y la incomprensión?32)      ¿Pueden tus valores vencer la adversidad hacia los tuyos, entregando hasta tu vida en caso de hambre, enfermedad o agresión?33)         Frente a estas circunstancias ¿robarías, matarías o harías lo necesario y adecuado?34)       ¿O tus valores conformaron una estructura limitante, capaz de dejar morir por enfermedad u otra causa a los tuyos más queridos?35)         ¿O tus valores son tan fuertes y directos que no piensas, sólo actúas?36)         ¿Hay valores sociales y/o colectivos? ¿O los valores son sólo individuales?37)          El amor y el arte, ¿reconocen fronteras?38)        ¿El amor es sólo para la familia, los amigos, los seres más queridos?, es decir, ¿son facciosos, mafiosos, raciales o xenófobos?¿O es que los valores deben ser universales?39)       ¿Los valores nos guían y muestran la vida como una cosa continua? ¿Como una película?      Correspondería tener en cuenta que, para definir existe un orden natural del pensar, sentir, y hacer de un solo modo,  que es:1º) Tengo valores.2º) Actúo en consecuencia.3º) Me manifiesto públicamente tal cual soy. 

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